El sonido de la puerta al ser golpeada
con impaciencia le despertó. Sabía por la forma de llamar quien era, un ser que
no acostumbraba a necesitar permiso para entrar en ningún sitio, al que nadie
hacía esperar. Pero él si podía hacerlo. Con una sonrisa se tomó su tiempo para
levantarse e ir a abrirle la puerta a aquel dios que no paraba de aporrear cada
vez más furioso aquella simple pieza de madera. “Eso es cabronazo, enfadate,
muéstrame tu ira divina”, pensó saboreando su pequeña muestra de poder. Odiaba
a ese bastardo de rostro pétreo y carente de emociones, siempre tan altivo y
mandón. “James debería dejar de beber”, “James el cuadro tiene que ser más
exacto” “James deja de buscar la forma de matarme”. A la mierda él y sus
órdenes, seguía siendo un hombre libre. Con desgana abrió la puerta
encontrándose frente a frente con aquel ser divino de ojos vacíos y gesto
inalterable.
-¿Se puede saber qué diablos
quieres a estas horas de la noche?-con una mueca se percató de que había dicho
una tontería, donde estaban el tiempo no existía, sólo dormía porque necesitaba
seguir sintiéndose humano.
-He venido porque necesitamos que
pintes algo…especial.
Había algo raro en la voz del dios…¿dudaba?
Notaba como que estaba…
-¿Acaso tienes miedo de algo
Asariel?-preguntó burlón.
-Hay mucho en juego, pintor.
Necesitamos un cuadro de una naturaleza excepcional.
Algo preocupaba de verdad a la divinidad, lo
notaba en su voz que normalmente no transmitía el más mínimo sentimiento. James
empezó a preocuparse ¿Qué podía llevar al panteón de dioses a tal preocupación?
-Mis cuadros sólo reflejan las
cosas que ocurren Asariel. ¿Para qué cojones queréis que os pinte uno
“especial?
El dios exhibió un gesto extraño en su rostro,
¿acaso aquello era una sonrisa?
-Desde luego que eres un mortal
estúpido James, aún no te has dado cuenta de nada. Lo que pintas se hace real.
Para eso os tenemos a los pintores de mundos, para que dibujéis el destino que
queremos.
La confesión le cayó como una enorme losa.
Sabía que había otros pintores pero lo otro. No pintaba lo que ocurría, él daba
vida a esos momentos con sus trazos. Todos los muertos…era un asesino.
-¿Qué me habéis hecho hijos de
puta?
-Te hemos dado una meta superior
en la vida pintorzuelo. Ahora ponte algo decente y sígueme, vamos a reunirnos
con el resto de dioses y pintores.
El resto de dioses, los hermanos divinos de
Asariel, al fin iba a conocerlos, con suerte no serían todos unas estatuas
parlantes. Además quería conocer al resto de artistas, hacía años que no
hablaba con nadie que no fuera su vigilante. Se puso su mejor ropa, escondió su
petaca en el bolsillo de su chaqueta y salió tras su carcelero.