¿Qué soy?
<<Me
llamo Sandra, o eso me han dicho los doctores. Soy muy pequeña y tengo un pelo
largo y de color negro que, según Z, es
muy bonito.
Siempre me pongo ropa parecida, es un pijama
blanco, todo el mundo lo lleva y a mí me gusta mucho.
Los doctores dicen que me encontraron en la
calle porque mis papás me habían abandonado y que ellos son mi nueva familia.
Por eso no estoy triste y soy muy feliz aquí.
Vivo en una habitación yo sola. Esta no tiene
ventanas y la luz del techo está todo el día encendida como si fuese el Sol. A
veces echo de menos juguetes en mi habitación y otras cosas a parte de mi cama,
pero me da igual porque para eso tengo la sala de juegos. Hay muchas
habitaciones como la mía por todo un pasillo muy largo. Z me dijo que a eso se
le llamaba hilera. Al final está la sala para curarse. Yo nunca he estado allí
pero si te duele algo te llevan y te curan y ya no vuelves más a las
habitaciones cuando te encuentras bien, porque encuentras otra casa, por eso
estamos aquí.
El otro día mi amigo Isaac se puso malito de
la barriga y se lo llevaron al fondo del pasillo para curarle, los médicos nos
dijeron que no volveríamos a verle porque estaba bien y se iba a otra casa. Nos
pusimos muy tristes al saber que se había ido, pero los doctores nos dieron
unos caramelos y se nos pasó.
Ayer mis dos amigos, Laura y Damián, se
empezaron a pelear. Yo les dije que parasen, pero empezaron a darse golpes y a
hacerse pupa. Yo lloré mucho y llegaron los doctores. Al ver a mis amigos
pelearse los separaron y los llevaron a la sala donde se castiga a los niños
malos, también al fondo del pasillo.
Me
he dado cuenta de que ya nadie viene a jugar a la habitación de los juguetes y
he ido a preguntárselo a un médico. Me ha dicho que todos se han ido y que se han
puesto malitos muchos, así que yo estoy sola.
Esta noche he dormido mal porque la cabeza me
dolía un poco pero se me ha pasado. Se lo he dicho a mi amigo Z que es el
médico que me cuida. Él se ha ido corriendo a algún sitio y me ha dejado sola
en mitad del pasillo. He ido a explorar hasta el fondo y he encontrado tres
puertas, una era la de la sala de castigos, la otra la de la sala de curas y la
otra no sabía cuál era. He abierto la puerta desconocida y he visto una sala
muy grande con mucha gente que dormía. Me iba a acercar a uno cuando el señor Z
me ha cogido y me ha llevado a mi cuarto. Me ha regañado y me ha dicho que
nunca más entre en esa habitación. Yo le he preguntado que si era para no
despertar a la gente y él me ha dicho que sí. Después se ha ido dejándome sola
otra vez. >>
-Señor la niña que queda ha sentido dolor de cabeza pero se
le ha pasado, creo que hemos encontrado lo que queríamos-dijo Z tras haber
hablado con Sandra.
-Bien, bien-dijo su jefe volviéndose-entonces nuestro
experimento va siendo un éxito. Z quiero que vayas y vigiles a la niña. Pero
primero ve a la sala de cadáveres-dijo sonriendo-, veo que se ha metido allí,
es una niña muy curiosa.
Z palideció y salió
corriendo del despacho de su jefe. No sabía cómo podía estar tan tranquilo
sabiendo que si la niña descubría los cadáveres posiblemente su plan se iría al
garete. La encontró acercándose al cadáver más reciente, el de un muchacho que
se había peleado con otra chica, habían sufrido el brote violento de el
experimento. Cogió a Sandra y se la llevó a la habitación.
-Sandra, no debes entrar en esa habitación nunca-dijo
enfadado el doctor.
-¿Es por qué podría despertar a los que duermen?-preguntó
inocentemente.
El científico sonrió
para sí, que inocencia irradiaba esa niña, no sospechaba los oscuros ardides
que se planeaban a su alrededor.
-Exacto, no querrás que se despierten.
La niña asintió y Z
satisfecho salió del cuarto.
Ellos experimentaban con niños para
descubrir un elixir de la vida eterna, por eso los científicos debían ser
fríos, pues jugaban con la vida de niños inocentes que o secuestraban o cogían
de orfanatos, Sandra había sido secuestrada. Z había sido escogido para
custodiar y ocuparse de la experimentación de la niña. Pero él no era tan frío
como sus compañeros, sentía lástima por los niños pero no dejaba de
experimentar, la necesidad de descubrir era mayor que la compasión.
Ya habían muerto cincuenta, unos por
los dolores, el brote doloroso lo llamaban, al niño empezaba a dolerle la
cabeza o el estómago, ninguno había sobrevivido excepto Sandra. Después estaba
el nuevo brote llamado brote violento debido a que los niños se peleaban,
después su corazón se paraba, de estos habían muerto solo cinco niños. Los
cadáveres los metían todos en el mismo sitio, la sala en la que había entrado
su niña. Su jefe un anciano ya, era el que había empezado el proyecto hacía una
eternidad, a finales de la Segunda Guerra
Mundial. Empezaron a experimentar con animales, pero al ver que era
insuficiente en 1985 empezaron con los niños. Así hasta 2009 y ahora habían
descubierto a una niña que no había muerto de un brote. Sus planes iban bien y
dejarían que la niña creciese para ver cómo evolucionaba, si no pasaba nada
pasarían a la segunda fase. Z pensó que deberían deshacerse de los cadáveres y
empezar a traer nuevos niños para seguir experimentando pero estos debían
encontrarse en plena adolescencia, pues se encontraban en constante cambio.
Pasó un tiempo y
empezaron a llegar adolescentes que se temían algo, pero no sabían que ocurría
del todo, aún así les daba igual. Eran marginados o niños que se habían fugado
de casa, también cogían huérfanos. Las experimentaciones empezaron rápido y los
adolescentes comenzaron a caer uno a uno bajo las infernales manos de los
médicos.
<<Hace unos días empezaron a
llegar nuevos niños más grandes que yo. No están muy felices pero seguro que
cuando pase un tiempo aquí empiezan a sentirse mejor. He intentado jugar con
uno de ellos pero este me ha dicho que no jugaba con mocosas. Me he puesto muy triste
y me he ido a un rincón a llorar. Cuando he visto a mi amigo Z se lo he dicho y
me ha prometido regañar al niño y llevárselo a la sala de castigos. Yo me he
puesto muy contenta y le he dado las gracias como me ha enseñado. Esta noche me
he acordado del chico y me he enfadado mucho tanto que hubiese querido pegarle,
pero después me he tranquilizado, se lo he contado a Z y otra vez se ha ido
corriendo.
Hoy no he visto al nuevo niño y me alegro de
que lo hayan castigado, se lo merecía por ser malo conmigo. Muchos se han
puesto malitos, pero había otros que se
peleaban entre ellos. Se los han llevado a todos y nos hemos quedado solos yo,
una chica muy guapa que se llama Raquel y un chico muy majo llamado Alberto. Los
dos como yo, han tenido dolor en la cabeza pero se les ha pasado.
Los doctores ahora nos cuidan a todos y han
empezado a traer a otros doctores, pero los meten en habitaciones y no les dan
batas blancas. A mí me gustan mucho las batas blancas.
Esta noche he empezado a escuchar unas voces pero
enseguida se han callado, he pasado mucho miedo. Se lo he dicho a Z y este se
ha vuelto a ir otra vez, no sé por qué cuando le cuento algo hace eso.
Hoy
he sentido curiosidad por saber a dónde iba con tantas prisas y he llegado a
una puerta muy fría que se habría y se cerraba de lado, había unos botones y yo
toqué uno. La puerta se abrió y vi que no había nadie. Entré por la puerta a
una habitación muy pequeñita, en una de las paredes había más botoncitos y yo
toqué el de más abajo que era al que llegaba. Empecé a subir y llegué a un
pasillo más pequeño que el de donde estaban las habitaciones. Caminé un poco y
encontré una puerta, la abrí con cuidado y vi a Z y a un señor con el pelo gris
y la cara arrugada hablando.
-La niña ha sufrido un brote nuevo,
dice que ha escuchado voces esta noche-dijo Z-pero que se han callado.
-Pues entonces eso significa que el
experimento tiene más brotes y que la niña está evolucionando-el hombre se paró
y me miró-mira a quien tenemos aquí, cógela Z.
El doctor se dio la vuelta y se dirigió hacia
a mí, yo no entendía nada de experimentos pero supuse que me curarían para que
no escuchase voces. Me cogió en brazos y me dio un caramelo. Sentí mucho
cansancio y creo que me dormí, desperté en mi habitación, yo no sabía que había
pasado, creía que me habrían curado y me puse muy feliz, al día siguiente le di
las gracias a Z.
Me he fijado en que los nuevos doctores se han
ido todos excepto Tina, Dante, Luis y Diana. Habrán ido a otro sitio.
Hoy hemos jugado todos juntos y nos lo hemos
pasado muy bien, soy muy feliz aquí y quiero quedarme para siempre. >>
Con el tiempo Sandra se fijó en que todo el mundo empezaba
a tener pelo blanco y la cara arrugada, como el señor que había estado hablando
con Z, y que cada vez tenían menos ganas de jugar y se cansaban muy rápido a
veces incluso se dormían.
Un día, el ya anciano Z se despertó sintiendo un enorme
cargo de conciencia. No podía creerse que tras tantos años experimentando sin
sentir un ápice de compasión de repente se odiase a sí mismo por lo que les
había hecho a tantas personas. Pero sobre todo se odió por lo que le había
hecho a Sandra, su pequeña Peter Pan. Cuantas veces le había preguntado con sus
inocentes ojos mirándole por qué le salían arrugas y por qué su pelo dejaba de
tener color. Algo tan puro como el corazón de aquella niña debía ser liberado,
tenía que mostrarle el mundo fuera de esas paredes. Así pues con paso decidido
fue hacía las instalaciones y cogió de la mano a la niña sin dar respuestas a
sus preguntas. Eludió hábilmente a los guardias y a los científicos. Cuando
podía ver la luz que indicaba la salida escuchó como las alarmas saltaban. Lo
habían descubierto. Aceleró el paso más hasta que se puso a correr sin escuchar
las súplicas de la niña ni sus quejas. Escuchó mucho escándalo detrás de él
cuando por fin sintió el aire en su cara y notó como la niña enmudecía de
repente. Asustado le miró, pero sólo estaba sorprendida. Por primera vez desde
hacía años veía el exterior. Sintiéndose feliz por primera vez desde que había
empezado aquel trabajo cogió en brazos a la niña y se la llevó a su coche.
Arrancó viendo salir a su nuevo jefe y a dos guardias con él. Sandra y el alma
de Z ya podrían ser libres.
Tres días después en
un pequeño motel el científico murió acribillado por las balas de aquellos a
los que hacía menos de unas semanas consideraba amigos. Había ocurrido antes de
poder abrir la puerta de la habitación que acababa de alquilar para esconderse
junto a Sandra. Con lágrimas en los ojos vio como se llevaban a la niña que no
soltó ni una protesta y que se iba feliz diciendo que aquel sitio que su amigo
el doctor Z le había enseñado no le gustaba tanto como su antigua casa porque
pasaban demasiadas cosas malas. Z pensó que tal vez aquella niña tenía razón,
el mundo que entre él y sus compañeros le habían fabricado, tan blanco y limpio
en la superficie era justo lo que Sandra necesitaba, por muy monstruoso que
fuese en realidad. Pensando en esto Zacarías Yáñez, su auténtico nombre, murió
en paz consigo mismo.