sábado, 19 de mayo de 2012

Una historia celestial


Una historia celestial
Lo miro todo desde mi altura. ¡Bah! Aquel sitio ya no me merece la pena. Debería enviarles otro diluvio, sí eso haría que se lo están ganando. Yo Dios me siento en mi celestial trono a pensar. Desde que los había creado, los humanos, no me han causado más que problemas. Se están cargando lo que yo con tanto esfuerzo he hecho. Primero creo el contorno, como ponía en las instrucciones, después ponle día, noche, tierra, mar, aire, muchas cosas vamos. Luego ponía, rellenar con animales y plantas. Y ya está hecho el mundo, pero nooo, tuve que hacerles caso a los ángeles. “Señor crea a unos seres igual que nosotros pero sin alas” me dijeron con sus vocecitas y voy yo y creo a los humanos, un hombre llamado Adán y una mujer llamada Eva. Craso error juntarlos. Lo primero que les digo, “no comáis del fruto prohibido”, pues nada como si no escuchasen van y se comen el fruto, pero no uno, dejaron el árbol sin frutas casi. Los expulsé del Paraíso por si acaso y a la serpiente esa que se arrastrase sobre su vientre por toda la eternidad a ver si aprendía. Les dejé fuera con algún animal y alguna que otra planta, pero claro los unicornios estaban muy buenos y se los tuvieron que zampar a todos, yo por mi parte no los volví a crear, ¿para qué? Luego tuvieron hijos porque si no se morirían y los humanos dejarían de existir. Les di otra oportunidad, a lo mejor estos son más buenos que sus padres, me dije. Abel era un primor de muchacho, pero Caín, como los padres, Adán solía decir que había salido a la madre y eso originó algunas discusiones domésticas. Al final Caín se cargó al hermano muerto de envidia. Para uno primoroso que tengo y lo matan, vaya. Así durante las generaciones venideras los humanos me han  decepcionado muchas veces, hasta que una vez me cabreé muchísimo y les mandé el diluvio, dejando a Noé y a su familia vivos para que salvasen a los animales. Otro error, debería haber metido a Noé sólo desde el principio. “Señor, hombre sálvelos” me dice un ángel, y yo vaaale. Así la especie se perpetuó y los humanos se han extendido y extendido y siempre que intentao cargármelos porque estaoy enfadado, vienen los ángeles y “no señor, no lo haga” o “pobrecitos ¿no les da pena?”
 Así una y otra vez estos han salvado a mi imperfecta creación, es que los humanos no vienen con manual de instrucciones.

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