Una historia celestial
Lo miro todo desde mi
altura. ¡Bah! Aquel sitio ya no me merece la pena. Debería enviarles otro
diluvio, sí eso haría que se lo están ganando. Yo Dios me siento en mi
celestial trono a pensar. Desde que los había creado, los humanos, no me han causado más que problemas. Se están cargando lo que yo con tanto esfuerzo
he hecho. Primero creo el contorno, como ponía en las instrucciones, después
ponle día, noche, tierra, mar, aire, muchas cosas vamos. Luego ponía, rellenar
con animales y plantas. Y ya está hecho el mundo, pero nooo, tuve que hacerles
caso a los ángeles. “Señor crea a unos seres igual que nosotros pero sin alas”
me dijeron con sus vocecitas y voy yo y creo a los humanos, un hombre llamado
Adán y una mujer llamada Eva. Craso error juntarlos. Lo primero que les digo, “no
comáis del fruto prohibido”, pues nada como si no escuchasen van y se comen el
fruto, pero no uno, dejaron el árbol sin frutas casi. Los expulsé del Paraíso
por si acaso y a la serpiente esa que se arrastrase sobre su vientre por toda
la eternidad a ver si aprendía. Les dejé fuera con algún animal y alguna que
otra planta, pero claro los unicornios estaban muy buenos y se los tuvieron que
zampar a todos, yo por mi parte no los volví a crear, ¿para qué? Luego tuvieron hijos
porque si no se morirían y los humanos dejarían de existir. Les di otra
oportunidad, a lo mejor estos son más buenos que sus padres, me dije. Abel era
un primor de muchacho, pero Caín, como los padres, Adán solía decir que había salido a la madre y eso originó algunas discusiones domésticas. Al final Caín se cargó al hermano muerto de envidia. Para uno primoroso que tengo y lo matan, vaya.
Así durante las generaciones venideras los humanos me han decepcionado muchas veces, hasta que una vez
me cabreé muchísimo y les mandé el diluvio, dejando a Noé y a su familia vivos
para que salvasen a los animales. Otro error, debería haber metido a Noé sólo
desde el principio. “Señor, hombre sálvelos” me dice un ángel, y yo vaaale. Así
la especie se perpetuó y los humanos se han extendido y extendido y siempre que
intentao cargármelos porque estaoy enfadado, vienen los ángeles y “no señor,
no lo haga” o “pobrecitos ¿no les da pena?”
Así una y otra vez estos han salvado a mi
imperfecta creación, es que los humanos no vienen con manual de instrucciones.
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