Historia de una
muerte
Allí estaba, sentado
en su sencilla silla redonda y blanca, esperando a su verdugo, le cortaría la
cabeza posiblemente, como a la mayoría de sus hermanos, con esa horrible música
de fondo que tanto aborrecía. Miró a su alrededor esperando ver al hombre que
pagaría por su vida.
Allí estaba, se acercaba, le pagaba el
dinero a aquel hombre con pajarita, el llamado “vendedor”. Iba a morir y ni
siquiera sabía como se llamaba, no sabía donde estaba, él recordaba haber
nacido y al instante estar allí.
Su "comprador" se acercaba con una sonrisa codiciosa
pintada en el rostro, una pena no tener cerebro para recordar nada, ni boca para hablar, ni tuviese piernas o brazos para salir de allí, a lo mejor se lo habían
quitado todo al nacer para poder matarlo más fácilmente. Esos eran sus últimos
no pensamientos, porque su verdugo se había sentado en una silla enfrente de
él. De repente lo cogió y lo levantó y de un movimiento le quitó la cabeza.
Otro que se iba, pensó el
compañero del que acababa de morir. Vio al hombre con la negra sangre de su
hermano en la boca, ya no quedaba ni rastro de él, “caníbales”, pensó.
El verdugo se levantó y le dijo al vendedor:
-Delicioso el
croissant.
Y se
fue.
Se
repitió la misma historia una y otra vez, mientras los croissants horrorizados
veían como mataban a sus iguales sin saber que eran.
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